
En la época de primavera y verano son miles las personas que van a las playas para descansar y disfrutar del sol, el aire marino y todas las bondades que presentan las costas. Sin embargo, este traslado de gente hacia las costas conlleva el aumento de residuos en las playas. El más frecuente en las épocas de verano es el plástico (bolsas, tapas de bebidas, envoltorios de helados) que además es uno de los más letales para la fauna marina y el ecosistema, por el hecho que algunas especies las confunden con comida o bien quedan adheridas a su anatomía, entorpeciendo su transporte o transito, y por lo general, afectando directamente su calidad de vida, por lo que estos materiales, y muchos otros que son desechados en nuestras costas, son de un alto potencial dañino para la biodiversidad intermareal de nuestro litoral.
Las playas nos brindan tantas satisfacciones, bastantes personas esperan con muchas ansias este tiempo para estar con la familia, con los amigos, realizar algún deporte y olvidarse de los problemas cotidianos que ocasiona la actividad educativa o profesional. Para muchos, verano significa playa, así de fuerte es la influencia de esta en la vida de las personas, por lo que como antofagastinos, y residentes de una ciudad costera, deberíamos sentirnos privilegiados en tener una costa tan amplia y bondadosa, donde nuestro compromiso mínimo es cuidarla, protegerla, y sentirnos identificados con ella, tarea en la cual la comunidad juega un rol fundamental en conjunto con las autoridades, un ejemplo claro de esto, es del derrame de petróleo que afecto a nuestras costas, el año 2005, por la embarcación china, Eider, provocando una gran alerta ambiental.
Fotografía y Texto por Roberto Araya